Hola que tal, dice el señor... Y nadie le contestaba...
Era un local luminoso en la calle amenabar, estaba como vacío, de tanta limpieza y pulcritud, y en el momento en que prestó atención a lo que estaba viendo, las cosas que se vendían no eran las habituales. Todas eran como puertas blancas una al lado de la otra con nombres que luego no record pero que le proponían algo... una búsqueda de paz y desarraigo del alma con el cuerpo, muchas... diferentes. Algunas venían como suaves,otras asperas, algunas dolorosas y unas hasta con aroma.
De ese lugar aquel hombre salio airoso, estupefacto, totalmente creído de que había hecho lo correcto, ese día fue el hombre mas feliz de la vida, por haber encontrado el primer local de venta de papel higiénico.
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