El iba volviendo de un fin de semana que podríamos denominar como vicioso, plasmado de risas y buenos momentos.
Como esas cosas que pasan en dos segundos, un cuerpo femenino, armonioso de pelo azabache, y vestiduras Hippies, culmino la imagen que cruzaba por sus ojos. El, atónito, atino a decir simplemente dos palabras "Me caso!"... no cree verdaderamente en el casamiento, pero si imagina una unión simbolica por alguna montaña, que los bendiga el agua que baja de las alturas y los seque el sol de un amanecer con los cuerpos aferrados como las raíces a la tierra.
Su complice mas complice, fue mas complice que nunca y realizo un movimiento de magia transmitiendo la sensación de su hermano en palabras hacia ella, hecho que concluyó en ambos pares de ojos cruzando miradas, las caras un poco ruborizadas y la picardía del adolescente. Ella esbozo que no creía en el casamiento, (Eureka!), yo tampoco, respondió el...
De repente otro habitante del pequeño mundo de los colectivos se levanto para cederle el trono a esta reina. Ella se sentó, y siguió disfrutando de la música.
El, ni lento ni perezoso y en contra de todo pronostico por su mal desempeño pasado con la especie, tomo una hoja de papel, una birome, pensó, y escribió en aquella hoja "Yo, no creo en el casamiento, pero si creería, me casaría con vos". La hoja paso de su mano a depositarse en los pequeños dedos de aquella mujer pasando el pasillo. Ella la leyó, sonrió otra vez y dijo dulcemente "Si sos músico me caso!"
Coincidieron en tiempo y lugar, y en que ninguno de los dos había conocido a alguien en un colectivo.
Ambos sonrieron complices, no comieron perdices, pero ella le autografió la mitad de la hoja que sobraba con una estrellita al terminar su nombre.
No importa como sigue la historia, ni su final, si el punto de partida ya es maravilloso...
Pd: Cualquier parecido con la realidad es pura coin... verdad.
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