Por momentos tuve ganas de cometer un asesinato pasional, sexual, casi animal. Parecías desprotegida pero estabas mas cubierta que el cielo en plena tormenta. Bailas, y de un lado a otro se mueve tu pelo. Los rulos obedecen a la ley de gravedad y mis miedos ya pasaron a otro plano, del cual no van a volver a lo hecho, a lo que hago.
Suficiente tengo con mis locuras como para no animarme al momento del golpazo. Al trote, o al galope, va el potrillo que aun no aprendió a hablar con las yeguas del campo, celeste amanecer de un hombre hecho y derecho.
Si nos atacara un bombo legüero seria una chacarera agresiva, de esas a las que los pies no pueden desobedecer.
Amén!
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